Urmeneta, persistencia y riqueza imaginativa

GRABADO

Eras un niño de seis años cuando apareciste por mi taller de plástica, algo callado pero audaz. Pasó el tiempo y ya en plena adolescencia, te hice un retrato al óleo donde  contemplé la expectativa que emanaba de tu entidad plástica. Cuando, ya exitoso, visitaste mi estudio,  recién bajado de una moto potente, los pelos para aquí y allá tras quitado el casco. Metamorfosis de aquel niño que conocí, ahora un hombre de envergadura y presencia.

Quedé bajo el pensamiento de una inquietante imagen realizada por ti en grabado, pues un adolescente como tú, diez o doce años antes, se había autorretratado como el hombre de la moto de hoy. Destaca tu perfil del rostro, los pelos hirientes, la dinámica de la cabeza creativa, emergiendo, liberándose de un cuerpo de camaleón sobre una rama. No aventuro psicologías que no me competen, tan solo digo, que valoré tu capacidad de fabulación, de persistencia y riqueza imaginativa. Hiciste el cuerpo del animal del que te ibas librando, muy concreto de formas y postura. Salías a la verdad de  la vida, al futuro inmediato. Anticipando y brillante, exponiendo la personalidad que deseabas y lograste. Hay en este grabado unas imágenes de secuaces que te acompañan bajo una aprensión indefinida, que flotan en el espacio; malignos quizá, compañeros quizá…      El tiempo te los ha ido aclarando.

Leo cosas de ti que dejan subyacente al artista, éste queda traqueteado  por lo  espurio  y  la indiferencia. Olvidan que cambiaste la fisonomía de la fiesta, el comercio y trabajo que se deriva de ella y la alegría de tu invención.  Lo más sólido después de todo, ya lo ves, es aquel creador saliendo de la crisálida de un camaleón. en sueño goyesco, hacia un mundo verdaderamente absurdo contable y cicatero, Hay niños como tú que buscan escondidos dentro de su animalito, evitar la poda  de libertades que los adultos hacen a la imaginación, a la singularidad de cada niño. A las ricas trasgresiones infantiles que descubren mundos.

Si de árbol se hablaba en mi taller, os proponía convertiros a vosotros mismos en árboles movidos por el viento, abiertos  a toda clase de pajarillos imaginarios, de insectos,  entre risas de colores. Quizá de ahí vino tu fantástico, por verosímil, grabado visionario del camaleón, verdadera obra de arte de un adolescente que se ve así mismo en proceso anticipado de maduración.

El arte no es para titilar en los ombligos cursis del mundo entero. Es para formar al hombre en disciplinas, sudor y lágrimas, aportando en tu caso, nuevas imágenes y concepción de la fiesta . Es valioso y con un plus de rareza que desde gestos únicos, anticipado en el tiempo, apareciera en la ciudad un artista desde un bello grabado.

Un fuerte abrazo Mikel.

Antonio Eslava Urra

22-03-2017